El oído, el que escucha.

Por diversas y curiosas razones, nuestro sentido del oído ha sido subestimado. El oído es, sin embargo, el más importante de nuestros sentidos en muchos aspectos.

El oído, nos da información que no podemos recibir o percibir claramente con la vista, como la situación aproximada de los elementos “ruidosos” que no están dentro de nuestro alcance visual. Nos advierte de situaciones de peligro que no detectaríamos sólo con la vista, permite el cálculo de distancias por retardos sonoros, y por supuesto todas aquellas que son obvias como el reconocimiento de personas por su tono de voz, etc.

El oído por tanto, llega más allá que la vista en muchos casos, pues permite percibir sonidos generados por un cierto objeto a mayores distancias que la percepción visual del mismo, e incluso calcular con aproximación esas distancias y en cualquier dirección con respecto a nuestra posición, y no sólo en un campo reducido como ocurre con la vista.

Aunque pueda parecer increíble, el oído tiene mayor sensibilidad que el ojo. Nuestro oído es capaz de distinguir variaciones de frecuencia de tan sólo 0,058 Hz (1 Hz / Hercio / Hertz es la frecuencia de una onda que realiza uno de sus ciclos completo en un segundo).
Además, el oído tiene capacidades para recrear información no existente, lo cual no es posible en el ojo. El oído recrea la frecuencia fundamental de un espectro sonoro conocido si esta no está presente. De hecho esta peculiaridad está siendo utilizada en recientes investigaciones para aliviar los acúfenos, esto es, la estimulación constante por deterioro de determinados receptores de nuestro oído (cilios) que producen pitidos constantes a frecuencias concretas. El método consiste en preparar música que es escuchada habitualmente por el enfermo, eliminando de ella las frecuencias que le producen los acúfenos. De esa forma, el propio cerebro recrea esas frecuencias desaparecidas, y hace que los acúfenos disminuyan en intensidad.

El oído es también más rápido que cualquier otro sentido. Es capaz de reconocer sonidos (estímulos) de tan sólo 12 centésimas de segundo. Por debajo de esa duración lo que escuchamos lo explicamos o definimos habitualmente como “clicks”.

Es capaz de discriminar con mucha eficacia. Por eso podemos distinguir tonos de voz entre una muchadumbre hablando, o nos permite fijar nuestra atención en un instrumento musical concreto dentro de toda una orquesta sinfónica.
Esta discriminación es muy interesante mientras dormimos. Sabemos que durante el sueño el oído es el único sentido que permanece alerta. Durante esas horas, el oído es capaz de discriminar con total eficacia sonidos que el cerebro identifica como peligrosos de otros que no lo son, y es capaz de detectar sonidos verbales con extrema rapidez estando dormidos.

Lo que en el sentido de la vista tendría su equivalente en tener “zoom en los ojos”, en el oído sin embargo si es posible, pues somos capaces de amplificar un sonido hasta 22 veces.

El oído evoluciona. Actualmente la frecuencia de resonancia del oído humano está entorno a los 2 Khz (un compromiso muy acertado para poder destacar la voz humana sobre el resto de sonidos, que es lo que actualmente más nos interesa). Esta frecuencia de resonancia nos permite destacarla sobre el resto del espectro audible hasta en 15 dBs. Conseguir ese tipo de filtro selectivo con la misma precisión (factor de calidad o “Q”) y con esa amplificación, utilizando un dispositivo analógico y del mismo tamaño que nuestro oído, requeriría un equipo extremadamente costoso, ¡si es que se pudiera realizar realmente en la práctica!.

El oído es el único sentido capaz de estimular a los demás sentidos, al menos en teoría, ya que el sonido es una vibración y por tanto podría estimular la vista, el olfato, el gusto y el tacto.

Es un órgano capaz de protegerse ante el exceso de estimulación. El exceso de sonido constante a altos niveles bloquea a las células del oído hasta en 25 dB durante un máximo de 12 horas. Esto se produce especialmente después de conciertos, fiestas con música muy alta, etc. Como referencia, la OMS recomienda un máximo de exposición de 90 dB durante un máximo de 8 horas. El máximo permisible está entorno a los 115 dB.

Cuidar nuestro oído es proteger una máquina de extrema precisión, un artilugio fruto del desarrollo y de la “investigación” de millones de años, que nos permite sentir... el sonido de la vida.